25 de septiembre de 2022
El sector tecnológico no es ajeno a la debacle que sufren nuestras economías. El mensaje es claro: es tiempo de ahorrar, de ser productivos. El que siga quemando dinero no saldrá en la foto

“Todas las imprentas de Alemania están imprimiendo billetes de banco para el Reichsbank, trabajando 24 horas al día. Todos ustedes están pagando a sus empleados dos veces al día, a fin de que puedan correr a las tiendas y comprar algo antes de que ese dinero pierda su valor unas horas más tarde. Y ahora llegamos al punto de que, sencillamente, no se acepta el marco”. Así retrataba Arthur R.G. Solmssen en Una princesa en Berlín los estragos de la hiperinflación que arrasó Alemania entre 1923 y 1924 y que dejó entre sus consecuencias el nacimiento del partido Nazi. El 1 de noviembre de 1923, en Alemania, una libra de pan costaba 3.000 millones de marcos, una libra de carne 36.000 millones, y un vaso de cerveza 4.000 millones. El 20 de noviembre de 1923, el cambio en el mercado negro era de 11.000.000.000.000 de marcos por dólar. El cambio en el mercado oficial era, solamente, de 4.200.000.000.000 de marcos. Los billetes habían perdido tanto su valor que se utilizaban como papel pintado. El precio que llevaban estampados los sellos de correos adheridos a las cartas de los bancos cancelando las cuentas de los ahorros de toda una vida era superior a su saldo. Para que nos hagamos una idea, ese año se emitieron sellos de hasta 10.000 millones de marcos que se podían pagar con billetes de 5.000 millones, 50.000 millones, 500.000 millones, cinco billones o 50 trillones.

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