25 de septiembre de 2022
David Barberá, un profesor valenciano, se ha quedado sin acceso a miles de archivos privados en la nube por presuntas imágenes ilegales. Su caso no es el único entre usuarios de las grandes empresas tecnológicas

Hace cinco años, tras la muerte de un amigo y compañero de grupo musical, David Barberá decidió pagar por una cuenta en la nube de Google Drive. Quería conservar archivos musicales para que los hijos de su amigo oyeran cómo tocaba su padre. “Entonces contraté el servicio de Google Drive”, dice. “Era lo más seguro que se me ocurrió para que la música de Javi no se perdiera, los niños entonces eran muy pequeños”, añade.

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