25 de septiembre de 2022
Un equipo de investigación de la UE identifica las aplicaciones de procesamiento facial que deberían prohibirse, limitarse y autorizarse

Advierte Felipe Gómez-Pallete, presidente de Calidad y Cultura Democráticas, que “la tecnología, una vez desarrollada, no hay quien la pare”. Y añade: “La podemos regular, atemperar, pero llegamos tarde”. Es el caso de las tecnologías de procesamiento facial, las que leen y analizan nuestros rostros con decenas de intenciones, desde las comerciales o de seguridad hasta de ayuda a personas invidentes o con alzhéimer. La Comisión Europea ha elaborado una propuesta de regulación de la inteligencia artificial (AI Act) con el fin de superar esta brecha y adelantarse a aquellos avances que supongan un riesgo “alto o inaceptable” para los derechos fundamentales sin lastrar su desarrollo. Para aportar la información científica necesaria, el proyecto europeo Humaint, del Centro Común de Investigación, (JRC por sus siglas en inglés), ha elaborado un exhaustivo informe en el que identifica 187 empresas que desarrollan tecnologías de procesamiento facial, cómo son, cómo se usan y cuáles deberían estar prohibidas, limitadas o permitidas: un semáforo orientativo para que, esta vez, se llegue a tiempo. El trabajo ha sido publicado en Scientific Reports.

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